La primera botica de la Ciudad de Buenos Aires
En la esquina de las calles Defensa y Alsina podemos encontrar la “Farmacia de la Estrella”, un lugar muy peculiar, en el que se encuentran la historia, el arte y la medicina.

Vecinos, trabajadores de la zona y turistas son los principales concurrentes. Unos, acuden en busca de algún medicamento, y otros, entran con un sólo objetivo: sacar fotos y admirar una estructura que se mantiene igual, desde su nacimiento.
Los farmacéuticos no sólo cumplen su rol profesional, sino que también son conocedores de la carga histórica del lugar, y se transforman, casi sin quererlo, en guías turísticos que responden a las preguntas de los curiosos y de quienes desean saber más sobre este pequeño museo de la medicina, que ocupa un lugar de privilegio en la Ciudad de Buenos Aires. “Estamos acostumbrados a que los turistas entren y nos pidan permiso para sacar fotos, también nos hacen muchas preguntas”, explica uno de los profesionales que trabaja allí.
Al entrar, lo que más llama la atención son sus mostradores y estanterías, hechas de nogal y talladas en estilo neoclásico. Fueron realizadas según los patrones de la más alta artesanía de la época. Estos se combinan con cristales de Murano; mármoles de Carrara; pisos de mayólicas venezianas; y marquesinas de hierro forjado.
No se pueden dejar de nombrar las pinturas del lugar, que tienen relación con la actividad farmacéutica: el fresco en su cielo raso que representa “El triunfo de la Farmacopea frente a la enfermedad; y dos cuadros que ilustran La Química y La Botánica.

En las estanterías, también, se puede ver los antiguos recipientes medicinales.
Su historia
Para conocer sus orígenes, tenemos que retroceder al año 1834. Habían pasado poco más de 20 años de la Revolución de Mayo, y Buenos Aires todavía no tenía una botica. Fue así que Bernardino Rivadavia convocó al bioquímico y botánico Dr. Pablo Ferrari, famoso en Europa, para que concretara el proyecto. Ese mismo año se fundó entonces la primera farmacia de la Ciudad, pensada para que fuera líder en Sudamérica.
Durante 1938 Ferrari la trasfirió a Silvestre Demarchi, quien también luego fundó la empresas de seguros La Estrella y la fábrica Bagley. Su hijo Marcos, en el año 1898 decidió hacer cambios en la empresa farmacéutica y dejó la misma en manos de los señores Soldati, Craveri, Tabliabue.
Como el negocio prosperó se amplió habilitando una especializada droguería, que luego tuvo sucursales en Bahía Blanca, Montevideo, Rosario y Córdoba.
Productos
En aquella época, todas las farmacias tenían lo que se llamaba la receta magistral, que eran recetas propias de los boticarios. La Farmacia de la Estrella desde siempre se especializó en Homeopatía, y se destacó por varios exitosos productos que la hicieron famosa; píldoras para la tos Parodi; jarabe para la indigestión Manetti; limonada Rogé; y el tónico Hesperidina, productos que más tarde se expandieron en otras empresas.
Museo de la Ciudad
El edificio en el que está La Farmacia de la Estrella actualmente pertenece al Museo de la Ciudad, ya que es sede del mismo.
En el año 1969, el Dr Francisco Malfitani, adquiere el fondo de comercio y lo ofrece en donación a la entonces Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, para luego convertirse en Patrimonio Histórico y Cultural de la Ciudad.
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