La importancia de mantener una microbiota saludable

Por la Lic. Paloma Guevara, docente de la Licenciatura en Nutrición de UADE.

Hoy en día pareciera que está “de moda” hablar de microbiota, lo vemos en todos lados: redes sociales, artículos periodísticos, influencers, videos, libros… pero ¿qué es la microbiota? ¿Es realmente importante para nuestra salud?

En principio, la podemos definir como el conjunto de microorganismos que residen en diferentes lugares de nuestro cuerpo, entre ellos en el intestino. Cada vez es mayor la evidencia científica que demuestra que una microbiota saludable repercute positivamente en nuestra salud, ayudándonos a mejorar la salud digestiva, la mental y muchas enfermedades.

La microbiota está conformada por un grupo muy amplio de microorganismos, dentro de los cuales hallamos bacterias “buenas” y bacterias “malas”. Cuando las bacterias “malas” son más que las “buenas”, entonces corremos el riesgo de que nuestra microbiota se desequilibre y ocurra una disbiosis.

Una microbiota alterada puede traer muchas consecuencias negativas: además de afectar negativamente a la salud digestiva, se relaciona también con una mayor prevalencia de enfermedades crónicas no transmisibles, como la diabetes tipo 2, obesidad e hipertensión arterial. Está vinculada a trastornos del metabolismo, como el síndrome metabólico, e impacta negativamente en el perfil hormonal femenino, habiéndose asociado a trastornos como la endometriosis y el síndrome de ovario poliquístico. Además, se la asocia con mayores ocurrencias de asma, acné, alergias, enfermedades autoinmunes, y con trastornos de la salud mental, como cuadros de ansiedad y depresión.

Pero hay una buena noticia: existen muchas cosas que podemos hacer para restablecer el equilibrio de nuestra microbiota (eubiosis), y causar efectos altamente positivos en nuestra salud. Podemos mencionar como estrategias el hecho de mejorar la calidad de nuestra alimentación, realizar actividad física de manera frecuente, reducir el estrés, utilizar antibióticos solo cuando son estrictamente necesarios y, en ocasiones, optar por utilizar suplementos nutricionales.

Como dijimos antes, la microbiota es un conjunto de microorganismos; y como cualquier ser vivo, tienen que alimentarse. ¿De qué forma? Pues de los nutrientes que nosotros incorporamos: si les ofrecemos nutrientes de buena calidad, entonces estaremos estimulando a las bacterias “buenas”, en cambio, si prevalece la oferta de nutrientes de mala calidad, estaremos fomentando la actividad de las bacterias “malas”.

¿A qué nos referimos con nutrientes de buena calidad? Fundamentalmente a alimentos ricos en fibra, es decir: frutas (mejor con cáscara), verduras (de muchos colores), legumbres (como lentejas, garbanzos, porotos de diferentes colores), cereales integrales (arroz integral, fideos integrales, avena) y alimentos que tengan bacterias buenas, los probióticos (yogures, alimentos fermentados como kombucha o kefir). ¿Y cuáles son los alimentos que ofrecen nutrientes de “mala calidad”? Casi todo lo que venga en paquetes de colores y con mucha publicidad: galletitas dulces, gaseosas (incluso las dietéticas o sin azúcar), jugos y bebidas industriales, snacks, edulcorantes (sí, el stevia también) y azúcar (todas, pero en especial la blanca). También los encontramos en la comida chatarra: hamburguesas, papas fritas, pizzas, helados y un largo etcétera que ya todos conocemos.

Ciertamente, son muchos los cambios que podemos implementar para mejorar la microbiota. Aquí te dejo un resumen para empezar a introducirlos:

  • Prepará platos coloridos: ¡cuantos más colores, mejor!
  • Si tomás las infusiones con azúcar o edulcorante (el mate también cuenta), poco a poco empezá a reducir la cantidad de endulzante que agregás.
  • Que predominen alimentos naturales: frutas, verduras, legumbres, carnes, huevos, lácteos. ¡Menos paquetes y más alimentos reales!
  • Realizá actividad física de manera regular: puede ser un deporte, baile, bicicleta, ir al gimnasio… ¡todo vale!
  • Procurá mantenerte hidratado durante todo el día, fundamentalmente aumentá el consumo de agua. ¡Las infusiones sin azúcar también suman!
  • Trabajá para manejar el estrés: puedes hacer deporte, meditar, clases de estiramiento o yoga, hacer terapia.
  • En ocasiones puede ser necesario incorporar suplementos. Siempre consultá a un profesional antes de hacerlo.

Ahora ya conocés la importancia de cuidar tu microbiota. ¿Te vas a animar?

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