El cerebro se fortalece igual que un músculo
La doctora Joanna Fong-Isariyawongse detalló a The Conversation de qué manera la exposición a estímulos novedosos, el sueño y el movimiento corporal inciden en el funcionamiento intelectual durante la adultez.

Décadas de investigación demuestran que la plasticidad cerebral no es exclusiva de la infancia. Los cerebros adultos mantienen la capacidad de adaptarse y fortalecerse a lo largo de toda la vida siempre que se les exija más allá de la rutina diaria.
El pensamiento claro, la toma de decisiones y la creatividad dependen de este desafío constante, un proceso que puede manifestarse como una ligera incomodidad mental, comparable al ardor que experimentan los músculos durante un entrenamiento intenso.
El cerebro opera por zonas, y cada área puede fortalecerse a través de estímulos específicos. La rutina, aunque cómoda, no propicia crecimiento cerebral.
Caminar repetidamente por el mismo recorrido puede resultar agradable, pero la mente deja de prestar atención y se desconecta de la experiencia, enfocándose en pensamientos automáticos o pendientes. Este fenómeno evidencia la necesidad de variar los estímulos y afrontar desafíos que obliguen a la mente a adaptarse.
Estudios con animales demostraron que la exposición a entornos enriquecidos, con juguetes, ejercicio físico y estímulos sociales, produce cerebros más grandes y complejos.
Investigaciones en humanos indican que aprender un idioma, tocar un instrumento o bailar incrementa de manera medible tanto el volumen cerebral como la conectividad entre regiones.
Según explicó a The Conversation Joanna Fong-Isariyawongse, profesora de neurología en la Universidad de Pittsburgh: “La repetición mantiene el cerebro en funcionamiento, pero la novedad lo impulsa a adaptarse, obligándolo a prestar atención, aprender y resolver problemas de nuevas maneras”.
El esfuerzo constante sin pausas produce fatiga neuronal, un estado en el que disminuye la concentración, aumentan los errores y se altera la claridad mental.
Durante periodos prolongados de trabajo cognitivo, las redes responsables de la atención y la toma de decisiones se enlentecen, mientras que las regiones asociadas a recompensas inmediatas asumen el control. Así se explica la tendencia a buscar dulces, comida reconfortante o distracciones cuando el cerebro está exhausto.
La comparación con el entrenamiento físico resulta clara: la Dra. Fong-Isariyawongsedel explicó que del mismo modo que los músculos no soportan esfuerzos prolongados sin interrupciones, los circuitos neuronales necesitan períodos de descanso para recuperar su funcionamiento.
La sobreexigencia repetida sobre las mismas redes cognitivas favorece la acumulación de señales químicas, ralentiza la comunicación interna y frena los procesos de aprendizaje.
En este contexto, las pausas planificadas facilitan la recuperación de las vías cerebrales más exigidas y mejoran su eficiencia operativa, lo que contribuye a un aprendizaje más eficaz.
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