Una práctica cotidiana que logra reducir hasta en un 70% las infecciones hospitalarias
Mañana se celebra el Día Mundial de la Higiene de Manos se instauró en 2005 como una iniciativa global destinada a mejorar la seguridad en los centros de atención sanitaria

Detrás de este gesto cotidiano se esconde una realidad contundente: las manos son el principal vehículo de transmisión de microorganismos. Aunque no sean visibles, bacterias, virus y hongos pueden permanecer en ellas durante días, semanas e incluso meses, facilitando la propagación de diversas patologías transmisibles.
En hospitales y centros de salud, este fenómeno adquiere una dimensión crítica. Las infecciones asociadas a la atención sanitaria continúan siendo uno de los eventos adversos más frecuentes a nivel global. Se estima que 7 de cada 100 pacientes en países desarrollados, y hasta 15 de cada 100 en países en desarrollo, contraen al menos una infección durante su atención médica.
Frente a este escenario, la higiene de manos se posiciona como una de las herramientas más efectivas, accesibles y económicas para reducir riesgos. La evidencia científica indica que una correcta higiene puede prevenir hasta el 50% de las infecciones evitables en entornos sanitarios, y que, integrada en programas de prevención más amplios, puede alcanzar reducciones de hasta el 70% en las infecciones hospitalarias.
Fuera del ámbito hospitalario, su impacto también es significativo. En la vida cotidiana, el lavado de manos con agua y jabón puede reducir hasta en un 40% las enfermedades diarreicas y entre un 16% y un 21% las infecciones respiratorias. Enfermedades como la gastroenteritis, la gripe, el resfrío común, la hepatitis A o infecciones bacterianas como la salmonelosis encuentran en la falta de higiene de manos un canal de transmisión frecuente.
Sin embargo, más allá de las estadísticas, la higiene de manos tiene una dimensión social. Lavarse las manos no solo protege a quien realiza la acción, sino también a quienes lo rodean, especialmente a los grupos más vulnerables, como niños, adultos mayores o personas con enfermedades crónicas. Se trata, en definitiva, de un acto de cuidado individual que se traduce en protección colectiva.
Momentos clave para la higiene de manos
Los especialistas recomiendan incorporar este hábito en distintos momentos del día, especialmente después de toser o estornudar, tras el contacto con personas enfermas, al regresar al hogar, luego de manipular residuos, después de ir al baño y antes de preparar o consumir alimentos. En entornos sanitarios, la higiene de manos al ingresar y egresar de instituciones de salud resulta fundamental para cortar la cadena de transmisión de infecciones.
Técnica correcta: un procedimiento simple y eficaz
La técnica adecuada varía según el contexto. Cuando las manos no están visiblemente sucias, se recomienda el uso de soluciones alcohólicas durante 20 a 30 segundos. En cambio, cuando presentan suciedad visible, el lavado con agua y jabón debe extenderse entre 40 y 60 segundos, incluyendo una secuencia completa de fricción que abarca palmas, dorsos, dedos, pulgares y puntas de los dedos.
Este procedimiento, aunque sencillo, requiere constancia y correcta ejecución. Su efectividad depende no solo de realizarlo, sino de hacerlo bien y en los momentos adecuados.
Datos en Argentina
En Argentina, las infecciones asociadas al cuidado de la salud (IACS) representan un problema relevante tanto por su impacto sanitario como económico. El Ministerio de Salud de la Nación Argentina
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