Alarma por el aumento de casos de melanoma entre los jóvenes

Los especialistas advierten que el melanoma no es una enfermedad de personas mayores. Crece la prevalencia en personas de entre 15 y 29 años, a pesar de las tendencias de cuidado de piel.

Sérums, activos, rutinas de múltiples pasos y una industria en auge. La Generación Z convirtió el skincare en parte de su identidad y su vida cotidiana. Sin embargo, hay un básico que sigue quedando afuera: la protección solar. Y esa omisión tiene consecuencias concretas: el aumento sostenido de casos de melanoma, el cáncer de piel más agresivo.[

Cada 23 de mayo, el Día Mundial del Melanoma busca visibilizar una problemática que ya no responde a patrones tradicionales. Lejos de ser una enfermedad asociada exclusivamente a personas mayores, hoy el melanoma es uno de los cánceres que más crece entre jóvenes. Detectado en estadios tempranos, tiene una tasa de supervivencia a cinco años superior al 99%, pero su diagnóstico tardío sigue siendo un desafío.[

En Argentina se diagnostican más de 1.600 nuevos casos por año. El país ocupa el tercer lugar en América Latina en incidencia de melanoma en personas de entre 0 y 29 años, y el cuarto en mortalidad en ese mismo grupo. A nivel global, se registran más de 331.722 nuevos casos y cerca de 59.000 muertes anuales, con proyecciones que anticipan un aumento superior al 50% hacia 2040.[

¿Qué pasa con la generación Z?

Durante décadas, el melanoma fue considerado un problema de adultos mayores. Hoy, los datos muestran otro escenario: es el tercer tipo de cáncer más diagnosticado entre personas de 15 a 29 años, y su incidencia en menores de 30 crece más rápido que en cualquier otro grupo etario. Desde 1980, los casos entre mujeres jóvenes aumentaron cerca de un 50%.[

“El melanoma es uno de los pocos cánceres que podemos prevenir y detectar a tiempo con herramientas muy simples: protección solar diaria y controles dermatológicos periódicos. Sin embargo, todavía persiste la idea de que es un problema ajeno o lejano, cuando los datos muestran exactamente lo contrario”, señala Jimena Maur Perotti (MN 119.939), Oncóloga Clínica especializada en Melanoma y Scientific Advisor en Bristol Myers Squibb Argentina.

Rutinas de skincare: el eslabón que falta

Existe una contradicción cada vez más evidente: la generación más involucrada en el cuidado de la piel es también la que menos prioriza la fotoprotección. Según datos de la American Academy of Dermatology, el 64% de los jóvenes Gen Z admite que se olvida de aplicar protector solar y solo el 34% lo utiliza principalmente para prevenir el cáncer de piel.[

Asimismo, el bronceado continúa teniendo un fuerte valor cultural. El 28% considera que es más importante que la prevención, y 7 de cada 10 afirma haber tenido la piel bronceada en el último año.[ Esto, a pesar de que los dermatólogos son terminantes en ese punto: el bronceado no es sinónimo de salud, sino una señal visible de daño en el ADN de las células de la piel.

La desinformación también juega su parte. El 52% de los jóvenes desconoce al menos uno de los riesgos asociados a las quemaduras solares —como el aumento del riesgo de cáncer o el envejecimiento prematuro— y el 32% obtiene una calificación reprobatoria en conocimientos sobre fotoprotección.[

El control médico, la deuda pendiente

A pesar del foco (y de la inversión) en skincare, la consulta médica sigue siendo una asignatura pendiente. Más del 53% de la Generación Z no realizó ningún control médico preventivo en el último año, la cifra más alta entre todas las generaciones.[

“La detección temprana cambia todo en melanoma. Un lunar que cambia de forma, color o tamaño puede ser la primera señal. Por eso el autoexamen y la consulta dermatológica no deberían ser reacciones ante un problema, sino parte de una rutina de salud”, agrega Maur Perotti.

La regla ABCDE —Asimetría, Bordes irregulares, Color no uniforme, Diámetro mayor a 6 mm y Evolución— sigue siendo la herramienta más accesible para identificar señales de alerta.[

En el Día Mundial del Melanoma, la prevención vuelve a poner en primer plano hábitos cotidianos como el uso diario de protector solar, la observación de la piel y los controles dermatológicos regulares.

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