La publicación de The Lancet, firmada por investigadores de Estados Unidos, China y Canadá, se focaliza en la seguridad y la eficacia de las vacunas de ARN mensajero (como la de Pfizer y Moderna). Asegura que esta tecnología representa un “avance transformador en la vacunología”. Pero a diferencia de estudios previos que aíslan la inmunología de la sociología, esta revisión masiva conecta directamente los mecanismos biológicos de la plataforma de ARNm con la percepción de salud pública.
Así, se dedica a analizar cómo la reactogenicidad puede impactar en la voluntad de la población de vacunarse. Los autores distinguen entre reactogenicidad y eventos adversos raros y graves, e insisten en que la comunidad médica debería enseñar a la población a diferenciar: los eventos adversos graves son excepcionales, mientras la reactogenicidad son los síntomas comunes: dolor en el sitio de inyección, fatiga generalizada, fiebre leve o cefalea.
En ese marco aparece un dato clave: experimentar una reactogenicidad moderada o intensa en la primera o segunda dosis podría ser un predictor para que una persona decida no aplicarse dosis de refuerzo o actualizaciones anuales. Una divisoria de aguas. De manera que el malestar físico inmediato podría eclipsar el “beneficio invisible” de la protección inmunológica a largo plazo.
Por eso dicen que el diseño de la próxima generación de vacunas debería centrarse fundamentalmente en ese aspecto. Para que estas innovaciones tengan éxito comercial y clínico, los autores establecen que el objetivo prioritario de la industria no es solo aumentar la eficacia, sino “mitigar la reactogenicidad intrínseca”.
La decisión de la OPS
Esa conclusión científica linkea con la decisión que acaba de tomar la OPS, al introducir por primera vez en su Fondo Rotatorio la vacuna ARVAC, en un contexto en el que las tasas de vacunación contra el Covid experimentan un sostenido derrumbe. En el Gobierno argentino, por ejemplo, donde el Estado viene administrando las vacunas de ARNm, admitieron ante la consulta de Clarín que las actuales tasas de vacunación contra el Covid son muy bajas.
La OPS advirtió este escenario a nivel regional y luego de varios años en los que el Fondo Rotatorio ofreció las vacunas de ARNm, decidió reforzar el portfolio con la vacuna ARVAC, debido a su ya reconocida menor reactogenicidad, al tratarse de una vacuna de proteínas recombinantes, más parecida a otras vacunas clásicas de calendario. Por lo tanto, el organismo entendería que la alternativa podría adaptarse mejor a la necesidad de inmunización pública ya superada la emergencia sanitaria.
El objetivo es que la mayor cantidad de gente reciba la mejor vacuna posible. Así es como el artículo de The Lancet valora el poder de las vacunas de ARNm como “una plataforma segura, eficaz y adaptable, con una relevancia duradera para la prevención de enfermedades infecciosas y la preparación en salud pública en el futuro, así como para el tratamiento del cáncer y las enfermedades autoinmunes”. Pero con un desafío no menor: “Reducir la reactogenicidad, mejorar la amplitud y la duración de la inmunidad, ampliar el acceso global y fomentar una confianza pública sostenible”.