La muerte súbita no siempre ocurre sin aviso: una enfermedad hereditaria suele estar detrás de muchos casos

La miocardiopatía hipertrófica es una de las principales causas de muerte súbita en menores de 35 años y explica hasta el 50% de los casos en atletas jóvenes.

Cada año se registran en Argentina alrededor de 40.000 casos de muerte súbita. Aunque muchas veces se percibe como un evento inesperado e imposible de anticipar, una parte importante de estos episodios está asociada a enfermedades cardíacas hereditarias que pueden detectarse mediante controles médicos.

En ese grupo se encuentra la miocardiopatía hipertrófica (MCH), una enfermedad genética que constituye una de las principales causas de muerte súbita en personas menores de 35 años. Sin embargo, entre el 80% y el 90% de quienes la padecen desconocen que conviven con esta condición.

En el marco de la Semana de Concientización y Prevención de la Muerte Súbita, que se conmemora del 21 al 27 de agosto, especialistas buscan visibilizar la importancia del diagnóstico precoz y de los controles cardiológicos para identificar la enfermedad antes de que se produzcan complicaciones graves.

Una enfermedad frecuente que suele pasar inadvertida

La MCH afecta aproximadamente a 1 de cada 500 personas, aunque estudios recientes sugieren que la prevalencia real podría ser de hasta 1 en 200 debido al elevado subdiagnóstico. Se estima que en Argentina más de 92.000 personas conviven con esta enfermedad, aunque la mayoría no lo sabe.

Se caracteriza por un engrosamiento anormal del músculo cardíaco que puede dificultar el flujo sanguíneo y favorecer la aparición de arritmias potencialmente graves. El principal desafío es que entre el 80% y el 90% de las personas con MCH nunca reciben un diagnóstico. Su evolución suele ser silenciosa y, en muchos casos, el primer evento puede ser una complicación cardiovascular de gravedad.

Cuando el deporte revela una enfermedad silenciosa

Practicar deporte no provoca la miocardiopatía hipertrófica. Sin embargo, en quienes desconocen que la padecen, el ejercicio de alta intensidad puede actuar como desencadenante de arritmias graves o incluso de un episodio de muerte súbita.

La incidencia de muerte súbita cardíaca en jóvenes se estima en 1,3 casos por cada 100.000 personas por año, mientras que el riesgo anual en personas con MCH no diagnosticada ni tratada ronda el 1%, una cifra que cobra especial relevancia si se considera que la enfermedad puede detectarse mediante estudios cardiológicos accesibles.

“La actividad física es uno de los pilares para cuidar la salud cardiovascular y no debe evitarse. El desafío es identificar a quienes tienen una enfermedad cardíaca como la miocardiopatía hipertrófica antes de que aparezcan complicaciones. Un chequeo cardiológico oportuno, especialmente antes de iniciar o aumentar la intensidad del entrenamiento, puede ser determinante para detectar la enfermedad y reducir el riesgo de eventos graves”, señala Pablo Ottonello (MN 123.413), médico cardiólogo y Scientific Advisor Cardiovascular de Bristol Myers Squibb Argentina.

Señales que no deben ignorarse

Aunque muchas personas permanecen sin síntomas durante años, cuando la enfermedad se manifiesta suele hacerlo a través de señales que no deben minimizarse:

  • Palpitaciones rápidas, fuertes o irregulares.
  • Falta de aire, especialmente durante el esfuerzo físico.
  • Dolor en el pecho asociado al ejercicio.
  • Mareos o sensación de aturdimiento.
  • Fatiga marcada.
  • Desmayos durante o después de la actividad física.

Estos signos suelen confundirse con sobreesfuerzo, estrés o falta de entrenamiento. Reconocerlos y consultar oportunamente con un cardiólogo puede marcar la diferencia, especialmente cuando aparecen de forma recurrente o existen antecedentes familiares de enfermedad cardíaca o muerte súbita.

El diagnóstico, una herramienta concreta de prevención

La MCH puede identificarse con estudios ampliamente disponibles. El ecocardiograma con maniobra de Valsalva es el principal método diagnóstico, y puede complementarse con electrocardiograma, prueba de esfuerzo, resonancia magnética cardíaca y estudios genéticos, según cada caso.

Dado que se trata de una enfermedad hereditaria, el diagnóstico de una persona también representa una oportunidad para estudiar a sus familiares directos. Detectarla de manera temprana permite iniciar un seguimiento adecuado y reducir el riesgo de complicaciones.

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