Posición de FECLIBA ante la mala praxis
Los Dres. Héctor Vazzano y Ernesto Badi fijaron la visión de la entidad que representan, ante las consecuencias que deben afrontar los profesionales al hablar de mala praxis médica.
Por los Dres. Ernesto I. Badi, Asesor en Política Social y Empresaria y el Dr. Héctor S. Vazzano Presidente de FECLIBA
Los esfuerzos destinados por Profesionales y Establecimientos para la atención de la Salud, en lugar de generarles una consideración especial, los expone a ser tratados por la Doctrina y Jurisprudencia con mucha dureza, sin contemplación alguna, exigiéndoseles una perfección e infalibilidad poco frecuentes en la conducta humana. El menor error en el que pudieran incurrir, los hace pasible de la condena penal de prisión, con accesoria de inhabilitación para el ejercicio profesional y al pago de indemnizaciones, que pueden superar el patrimonio constituido en largos años de trabajo.
El planteo que conduce a tan siniestro tratamiento, está basado en presupuestos que, paradojalmente deberían motivar todo lo contrario. Como actividad médico asistencial se ocupa de la salud de las personas, se dice que no se le puede permitir ninguna omisión, ni el menor error, debe resultar inexorablemente satisfactoria para el enfermo, sus familiares y representantes. Se olvida que en general, se está tratando una patología instalada en la persona y en evolución, que agudiza su condición lábil, provocándole inestabilidad física y psíquica, cuyo diagnóstico es conjetural y el tratamiento no es unívoco.
Como si el arte y la técnica médica fueran una ciencia exacta, la sumatoria de todos los actos siempre tendría que dar lo mismo y quien ejerce la actividad, tener la seguridad y predecir con certeza el resultado. Una conducta así tipificada, constituye delito en nuestro derecho positivo y sin embargo, a las resulta de los fallos judiciales, es lo que se les exige a los profesionales del arte de curar.
Se les aplica de hecho la responsabilidad objetiva, la actividad médico asistencial está involucrada en textos que hasta ahora, no contemplan clara y expresamente sus especiales características y lo siguen exponiendo a tener que reparar un daño supuesto, que tal vez no causó y es solo la secuela inherente o inesperada de la patología que trató.
La responsabilidad sin culpa, a la que están condenados los servicios de atención de la salud, somete a la actividad a un estado de permanente riesgo, de tener que afrontar con su libertad y bienes, las consecuencias del homicidio o las lesiones culposas, aún cuando no haya culpa. El Estado, sus Legisladores y Magistrados no trepidan en darle ese alcance al derecho vigente, si el resultado de la actividad profesional fue insólito, anormal o imprevisible, por óptima que haya sido la idoneidad, pericia, prudencia y diligencia de quien brindó la asistencia.
Hace tiempo que en otros países y ya en el nuestro, la reacción impuso una medicina “defensiva”, que para lo que viene, no alcanza para mantenerse indemne, pero que afecta vertiginosamente los avances de la ciencia y que seguramente, si no se toma conciencia y se legisla de modo específico y razonable, los profesionales comenzarán a escabullirse de la atención de los enfermos complicados, por razones de edad o de patologías severas, retrayéndose en la atención de los sanos.
No proponemos un “bill de indemnidad”, que convalide y absuelva cualquier conducta, sólo que se advierta el medio y las circunstancias de persona, de tiempo y de lugar en las que se ejerce la profesión, como sabiamente lo establece la letra de la legislación vigente, que ha sido desvirtuada en su interpretación y aplicación, por el rigorismo de los fundamentos expuestos en el inicio y que debe además ser racionalizada, en cuanto a los montos de las eventuales condenas, tanto penal como civil y adecuar el plazo de extinción de la acción, en función de la aceleración de todos los medios de comunicación.
Considerar las perniciosas consecuencias que produce la realidad imperante, ponerle límites e imaginar soluciones de fondo, equitativas y razonables, es el medio para preservar la relación médico-paciente, cuyo potencial antagonismo actual, consciente o subconsciente, enrarece y conflictúa el ámbito asistencial. Volver al viejo concepto del Médico de Familia, no sólo por la responsabilidad que actualmente se le quiere asignar, sino por el afecto con el que se lo integraba al núcleo familiar, habrá de ser extremadamente positivo para la Medicina.
Compartir esta noticia en tus redes
NOTAS RECIENTES
Compartir esta noticia en tus redes
Noticias relacionadas






































