Automedicación: el peligro invisible de controlar los síntomas sin curar la enfermedad

Especialistas advierten sobre el riesgo de enmascarar cuadros graves, generar resistencia bacteriana y provocar daños orgánicos severos.

La magnitud del fenómeno es elocuente: según datos del Sindicato Argentino de Farmacéuticos y Bioquímicos (Safyb), el porcentaje de la población que se automedica en el país pasó del 30% al 80% en las últimas dos décadas, un salto que ubica a la Argentina como el segundo país de América con mayor consumo de medicamentos sin prescripción, detrás de México.

La Dra. Valeria El Haj, directora médica nacional de OSPEDYC, explicó que: “aliviar un dolor de cabeza, cortar un estado gripal o repetir un tratamiento previo parecen decisiones inofensivas en el día a día. Sin embargo, el hábito de medicarse por cuenta propia —incluso con fármacos de venta libre— es una de las mayores preocupaciones de salud pública. Cuando una persona consume un medicamento sin supervisión médica, no sólo silencia una alerta del cuerpo, sino que puede retrasar el diagnóstico de una patología de base que requiere atención específica”.

El riesgo clínico va mucho más allá de un malestar pasajero. La combinación desordenada de sustancias puede anular la eficacia de un tratamiento o potenciar su toxicidad, provocando daños hepáticos, renales o gastrointestinales.

El escenario más crítico se da con el uso inadecuado de antibióticos”, advierte la especialista de OSPEDYC, y continúa: “interrumpir las dosis antes de tiempo o tomarlos ante cuadros virales (como una gripe común) acelera la resistencia bacteriana, un fenómeno global que vuelve ineficaces a los tratamientos habituales frente a infecciones que antes se controlaban con facilidad”.

No se trata de una advertencia menor: la Organización Mundial de la Salud (OMS) ubica a la resistencia antimicrobiana entre las diez principales amenazas para la salud pública global y estima que, de no tomarse medidas urgentes, podría provocar más de 10 millones de muertes anuales en el mundo para 2050, superando al cáncer como causa de mortalidad.

La precaución debe extremarse en niños, mujeres embarazadas, personas mayores y pacientes con enfermedades crónicas (como hipertensión o diabetes). En estos grupos, una dosis incorrecta puede desencadenar descompensaciones orgánicas de forma inmediata.

El último informe de Sedronar confirma esta tendencia: la prevalencia de uso de tranquilizantes supera el 14% de la población argentina, y ese consumo crece marcadamente con la edad, pasando de menos del 9% entre los 25 y 34 años a más del 31% entre los 66 y 75 años.

Para un uso seguro, la regla es la consulta profesional obligatoria: antes de iniciar, modificar o suspender cualquier fármaco, es fundamental consultar al médico, utilizando al farmacéutico como el aliado ideal para despejar dudas sobre medicamentos de venta libre. Asimismo, resulta vital cumplir estrictamente con los horarios, conservar los envases con sus prospectos y jamás compartir medicación con otras personas, por más que los síntomas parezcan similares.

Ante cuadros que persisten, empeoran o se acompañan de signos de alarma como fiebre alta sostenida o dificultad respiratoria, la respuesta correcta nunca está en el botiquín del hogar, sino en la consulta médica o el servicio de guardia”, finalizó la Dra. El Haj.

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