Cerca de 50 millones de personas viven con epilepsia en el mundo
“La epilepsia no es solo una cuestión médica: también es social”, explica la Dra. Daniela Sosa, neuróloga de DIM Centros de Salud.
En todo el mundo, cerca de 50 millones de personas viven con epilepsia, según datos de organismos internacionales de salud. Sin embargo, a pesar de su alta prevalencia y de que hasta el 70% de los casos podría controlarse adecuadamente con diagnóstico y tratamiento oportunos, la epilepsia sigue siendo una de las enfermedades neurológicas más atravesadas por el desconocimiento, el miedo y el estigma social.
“La epilepsia no es solo una cuestión médica: también es social”, explica la Dra. Daniela Sosa, neuróloga de DIM Centros de Salud. “Muchas personas no solo conviven con las convulsiones, sino también con prejuicios que impactan en su vida escolar, laboral y emocional”.
La epilepsia es un trastorno del sistema nervioso central en el que la actividad eléctrica normal del cerebro se altera, provocando convulsiones u otros episodios que pueden incluir cambios en el comportamiento, sensaciones inusuales o pérdida de la conciencia. Los síntomas varían ampliamente de una persona a otra y tener una convulsión aislada no implica necesariamente un diagnóstico de epilepsia: para confirmarlo, deben ocurrir al menos dos crisis no provocadas, separadas por más de 24 horas.
Puede afectar a personas de cualquier edad y, en muchos casos, se asocia a otras condiciones como depresión o dificultades en el aprendizaje, lo que refuerza su impacto en la calidad de vida. Aun así, gran parte del desafío sigue estando fuera del consultorio médico. “Todavía persisten mitos muy arraigados sobre qué es la epilepsia y cómo actuar frente a una crisis”, señala la Dra. Sosa. “Esa desinformación genera reacciones inapropiadas que pueden ser peligrosas y, al mismo tiempo, refuerzan la discriminación hacia quienes viven con esta condición”.
Qué saber para acompañar mejor
Las convulsiones se producen por alteraciones en la actividad eléctrica cerebral y pueden tener múltiples causas: desde lesiones estructurales, infecciones o enfermedades vasculares, hasta formas genéticamente determinadas en las que no se identifica un origen concreto. El diagnóstico se realiza a partir de una evaluación clínica integral y estudios específicos según cada caso.
El tratamiento suele comenzar con fármacos antiepilépticos, acompañados por pautas de cuidado como una correcta higiene del sueño y la evitación de sustancias tóxicas. “Existen tratamientos eficaces y bien tolerados”, destaca la especialista, “pero el seguimiento médico es clave y siempre debe ser personalizado”.
Tan importante como el tratamiento es saber cómo actuar ante una convulsión. En la mayoría de los casos, las crisis se resuelven de manera espontánea y no requieren atención médica urgente. Mantener la calma, proteger a la persona de golpes, colocarla de costado y no introducir objetos en su boca son algunas de las medidas fundamentales. Solo en situaciones específicas —como crisis prolongadas, dificultad respiratoria o lesiones— es necesario solicitar asistencia médica inmediata.
Informar para incluir
Para DIM Centros de Salud, hablar de epilepsia es también hablar de inclusión, empatía y responsabilidad social. “Cuando la información circula, el miedo disminuye”, concluye la Dra. Sosa. “Y cuando entendemos qué le pasa a la otra persona, podemos acompañar mejor y construir entornos más seguros y humanos”. Porque conocer la epilepsia no solo mejora la respuesta ante una crisis: también transforma la forma en que miramos y convivimos con quienes la viven todos los días.
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