El 80% de los que sufren mareos no tiene diagnóstico correcto
Hoy, en la Argentina, los mareos son la segunda causa de consulta a los neurólogos, después del dolor de cabeza.

«El 80 por ciento de las personas afectadas por mareos no recibe un diagnóstico correcto», afirma la doctora Lucrecia López, neuróloga, especialista en neurootología (subespecialidad que estudia los trastornos del equilibrio).
Altamente incapacitantes, los mareos y/o vértigos representan un síntoma frecuente de consulta a cualquier edad. Sin embargo, la falta de capacitación profesional o de los estudios correspondientes provoca que los pacientes no logren dar con el diagnóstico correcto y mucho menos con el tratamiento adecuado.
«Los pacientes manifiestan el síntoma, pero no se les hace un interrogatorio preciso ni una evaluación minuciosa del sistema vestibular, encargado de controlar el equilibrio del cuerpo humano», comenta López. El mareo es universal, y el 30 por ciento de la población mayor de 65 años lo experimentó en algún momento, describiéndolo en general con términos vagos e imprecisos, como: pérdida del equilibrio, inestabilidad, caídas, manchas negras delante de los ojos, vahídos, sensación de giro o confusión en la cabeza.
Así, estos síntomas meramente descriptivos como mareos están condicionados por causas no neurológicas y neurológicas, éstas últimas de origen vestibular y no vestibular. El vértigo, por su parte, siempre implica una afección del sistema vestibular central o periférico, producido por diferentes procesos patológicos.
La importancia del diagnóstico
Si bien puede resultar complicado dar con las causas que provocan los mareos y el vértigo, el avance de las tecnologías de diagnóstico permite identificarlas en más del 80 por ciento de los casos. Esto ocurre si se realiza una evaluación clínica exhaustiva y se hacen videonistagmografía (evalúa si la afección del equilibrio asienta en el cerebro, nervio auditivo u oído interno) , exámenes como la audiometría, la resonancia magnética del cerebro y/ o la tomografía computada del oído, la o el estudio de potenciales evocados auditivos, entre otros estudios.
Complementario de los anteriores estudios, no invasivo, rápido y con la posibilidad de ser trasladado hasta donde se encuentre el paciente, nuestro país cuenta con el equipo de vHIT (por sus siglas en ingles significa: video head impulse test o video test del impulso cefálico), que permite diagnosticar precozmente si los vértigos y mareos tienen su origen en oído o en el sistema nervioso central (cerebro) con una efectividad de un 98 por ciento.
Las causas
Según el primer estudio epidemiológico que se realizó en la Argentina en el 2003, el 54% de los mareos se debe al llamado «vértigo posicional paroxístico benigno». Un desorden que consiste en el desprendimiento de partículas de calcio dentro del oído interno, anormalidad que provoca que los pacientes sientan que todo gira cuando cambian de posición.
El estudio argentino, que fue conducido por la doctora López y publicado por la Revista de Neurología de España, se realizó con 1.300 pacientes que sufrían mareos y que habían concurrido al Hospital Ramos Mejía y a dos institutos privados. El 63 por ciento de los pacientes estudiados eran mujeres y la edad promedio era de 55,5 años.
Otros males pueden estar también detrás de los mareos. Uno de ellos es la inflamación del nervio vestibular (producida generalmente por un virus) y la enfermedad de Ménière, por la cual se padece de vértigo, la audición disminuye y se escuchan ruidos extraños en uno de los oídos. También las migrañas pueden generar mareos.
Otras causas, más graves, pueden ser los tumores en el nervio vestibular (que conecta el oído con los centros cerebrales encargados del equilibrio) o del cerebro; las placas de desmielinizacion (por ejemplo esclerosis múltiple) y los accidentes cerebrovasculares. En este último caso, el mareo o el vértigo breve, por unos minutos, puede ser un el 1º síntoma del accidente cerebro vascular.
Incluso, un mareo puede ser síntoma de la esclerosis múltiple, cuando las lesiones cerebrales de la enfermedad se asientan en las vías involucradas en mantener el equilibrio, asegura la Dra. Lucrecia López.
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