“Es extremadamente peligroso por la rapidez con la que actúa»
Así lo explicó la Dra. Valeria El Haj, directora médica nacional de OSPEDYC.

El Síndrome Urémico Hemolítico (SUH) se mantiene como una de las principales causas de insuficiencia renal aguda durante la infancia en Argentina. Los especialistas insisten en que no se debe bajar la guardia. Detectar los síntomas a tiempo y sostener pautas de higiene sencillas en el hogar siguen siendo las herramientas más efectivas contra esta enfermedad.
“La transmisión corresponde principalmente a la infección por STEC (Escherichia coli productora de Toxina Shiga) . Las formas mediadas por complemento y las microangiopatías trombóticas secundarias no se transmiten entre personas”, explicó la Dra. Valeria El Haj, directora médica nacional de OSPEDYC.
STEC se adquiere por vía fecal-oral. El principal reservorio son los bovinos y otros animales de granja, que pueden portar y eliminar la bacteria sin presentar enfermedad. Las principales vías de contagio de la Escherichia coli son:
- Consumo de carne insuficientemente cocida, particularmente carne picada y hamburguesas.
- Leche, quesos, jugos u otros productos no pasteurizados.
- Frutas, verduras o alimentos contaminados durante su producción o preparación.
- Agua no segura o contacto con aguas recreativas contaminadas.
- Contaminación cruzada entre carne cruda y alimentos listos para consumir.
- Contacto directo con animales, materia fecal o ambientes rurales contaminados.
- Transmisión de persona a persona por manos contaminadas, especialmente después de ir al baño o cambiar pañales.
El período de incubación de la infección por STEC suele ser de 3 a 4 días, con un rango aproximado de 1 a 10 días.
La Dra.El Haj, advirtió que: “Es extremadamente peligroso por la rapidez con la que actúa: en apenas unos días puede complicar gravemente la salud de un niño sano. Más allá del malestar estomacal inicial, la toxina producida por la bacteria destruye los glóbulos rojos, altera la coagulación y provoca un fallo renal agudo. Su diagnóstico se realiza mediante análisis de sangre (para detectar anemia y descenso de plaquetas), estudios de función renal (evaluando urea y creatinina) y un coprocultivo para identificar el patógeno”
“Debido a que no existe un tratamiento farmacológico específico ni una vacuna para curar la enfermedad, la prevención es la única defensa real. Cuando la bacteria ingresa al organismo, el abordaje médico se limita a sostener las funciones vitales mediante internación —incluso en terapia intensiva—, hidratación intravenosa, control renal estricto y, en los casos más severos, transfusiones o diálisis de urgencia mientras el cuerpo intenta recuperarse. Por eso, no hay que esperar a que el cuadro sea grave para consultar”, agregó El Haj.
Manifestaciones como la diarrea sanguinolenta, una palidez marcada, un decaimiento inusual o la disminución drástica en la cantidad de orina son motivos suficientes para acudir de inmediato a una guardia. En esta etapa, además, es fundamental evitar la automedicación: la administración de antibióticos o antidiarreicos sin indicación profesional está contraindicada, ya que puede favorecer la liberación de toxinas y agravar el daño en los riñones.
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