Sepsis: cuando una infección empeora, el tiempo puede cambiar el pronóstico

En el marco del Día Mundial de la Sepsis, que se conmemora cada 13 de septiembre, una especialista de DIM CENTROS DE SALUD explica cuáles son las señales que deberían motivar una consulta urgente.

Una neumonía, una infección urinaria, abdominal o de la piel pueden parecer cuadros completamente diferentes. Sin embargo, en determinadas circunstancias, cualquiera de estas infecciones puede desencadenar una respuesta desregulada del organismo capaz de comprometer el funcionamiento de órganos vitales. Se trata de la sepsis, una emergencia médica en la que la velocidad para reconocer lo que está ocurriendo y comenzar el tratamiento puede modificar significativamente la evolución del paciente.

Cada 13 de septiembre se conmemora el Día Mundial de la Sepsis, una iniciativa que busca aumentar el conocimiento sobre esta condición y poner el foco en dos herramientas fundamentales: la prevención de las infecciones y el reconocimiento temprano de las señales de alarma. “La sepsis es una respuesta desregulada del organismo frente a una infección que puede provocar daño orgánico. Puede aparecer a partir de infecciones de distintos orígenes, como una neumonía, una infección urinaria, abdominal o de la piel, entre otras”, explica la Dra. Ainoha Vilariño (MN 171422 – MP 337686), infectóloga de DIM CENTROS DE SALUD.

Y agrega: “Se considera una emergencia médica porque puede progresar rápidamente y comprometer órganos vitales. En los casos más graves puede evolucionar a shock séptico, con una importante alteración de la circulación y mayor riesgo de muerte. Por eso, reconocerla y tratarla a tiempo puede cambiar el pronóstico”.

 

NO HAY UN ÚNICO SÍNTOMA: ¿A QUÉ SEÑALES HAY QUE PRESTAR ATENCIÓN?

Una de las dificultades de la sepsis es que no existe una única manifestación que permita identificarla fácilmente. Las señales pueden variar según la persona, el tipo de infección y su evolución. “No existe un único síntoma que permita reconocer una sepsis y las manifestaciones pueden variar según la persona y el origen de la infección. Algunas señales que deben llamar la atención son un deterioro marcado del estado general, confusión o somnolencia inusual, dificultad para respirar o respiración muy rápida, sensación de desmayo o presión arterial baja, disminución de la cantidad de orina y alteraciones de la temperatura corporal: fiebre o hipotermia”, detalla Vilariño.

Pero quizás exista una señal que permita comprender de manera sencilla cuándo es necesario actuar: el empeoramiento rápido de una persona que atraviesa o podría estar atravesando una infección. “Más que esperar un síntoma específico, es importante prestar atención cuando una persona que tiene o podría tener una infección empeora rápidamente, se encuentra mucho más decaída de lo esperable o presenta signos de compromiso general. En ese contexto, es recomendable consultar de manera urgente”, advierte la especialista.

 

NO TODA INFECCIÓN EVOLUCIONA A SEPSIS

Este punto es importante. Tener una infección no significa que necesariamente vaya a desarrollarse una sepsis. “La mayoría de las infecciones no evolucionan a sepsis. Sin embargo, en determinadas circunstancias, la respuesta del organismo frente a una infección puede volverse desregulada y comenzar a afectar el funcionamiento de órganos que inicialmente no estaban comprometidos”, explica Vilariño.

Y aclara una diferencia fundamental: “Por eso, sepsis no es simplemente sinónimo de ‘infección grave’: lo que la caracteriza es que la infección desencadena una respuesta del organismo que produce disfunción de órganos. Puede ocurrir tanto por infecciones adquiridas en la comunidad como durante una internación”.

 

¿QUIÉNES PRESENTAN MAYOR RIESGO?

Aunque cualquier persona con una infección puede desarrollar sepsis, existen grupos que presentan mayor vulnerabilidad. Entre ellos se encuentran adultos mayores, recién nacidos y niños; personas con las defensas disminuidas por cáncer, tratamientos inmunosupresores o infección por VIH; y quienes presentan enfermedades crónicas como diabetes o enfermedades cardíacas, pulmonares, renales o hepáticas.

También existe mayor riesgo entre quienes atravesaron cirugías, internaciones prolongadas o procedimientos invasivos, así como durante el embarazo y el período posterior al parto. Sin embargo, pertenecer o no a uno de estos grupos no debería convertirse en el único parámetro para sospecharla. “Esto no significa que la sepsis ocurra solamente en estos grupos. También puede presentarse en personas previamente sanas, por lo que el empeoramiento rápido durante una infección siempre merece atención”, señala la especialista.

 

EN LA SEPSIS, EL TIEMPO IMPORTA

 

Una vez que el organismo comienza a presentar compromiso de órganos, actuar tempranamente se vuelve determinante. “Porque en la sepsis el tiempo importa. Cuanto antes se reconoce el cuadro, se identifica y trata la infección y se brinda el soporte necesario a los órganos afectados, mayores son las posibilidades de una buena evolución”, explica Vilariño. El tratamiento dependerá de cada paciente y de la causa de la infección. “Puede incluir antibióticos cuando la causa es bacteriana, administración de líquidos, medicamentos para sostener la presión arterial, oxígeno y otras medidas de soporte. También es fundamental identificar y controlar el foco de la infección cuando sea necesario”, agrega.

 

PREVENIR INFECCIONES TAMBIÉN AYUDA A PREVENIR LA SEPSIS

No todos los casos pueden evitarse, pero muchas de las medidas cotidianas destinadas a prevenir infecciones también contribuyen a disminuir el riesgo. “Mantener las vacunas recomendadas al día, realizar una adecuada higiene de manos, cuidar correctamente heridas y lesiones de la piel y consultar oportunamente ante infecciones que no evolucionan bien” son algunas de las medidas señaladas por la especialista.

A esto se suma utilizar antibióticos de manera adecuada y solamente cuando están indicados, mantener el seguimiento de enfermedades crónicas y cumplir con los controles recomendados durante el embarazo y después del parto. La clave vuelve así al mismo punto que atraviesa toda la prevención: reconocer cuando algo está cambiando y no demorar la consulta.

Como resume Vilariño: “En definitiva, prevenir infecciones, reconocer a tiempo las señales de alarma y consultar ante un empeoramiento son herramientas fundamentales para prevenir las formas más graves de sepsis”.

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