Unas 330 mil personas mueren ahogadas al año
El 92% de las defunciones se producen en países de ingreso bajo y mediano.

Las muertes por ahogamiento constituyen una crisis de salud pública que podría prevenirse, y los descensos observados en los dos últimos años no bastan para alcanzar los numerosos Objetivos de Desarrollo Sostenible a los que la prevención de los ahogamientos puede contribuir.
“El ahogamiento es un evento en el que la respiración se ve comprometida debido a la inmersión o sumersión en un líquido. Dependiendo de la gravedad, puede tener diferentes desenlaces, desde una recuperación completa sin secuelas, hasta complicaciones de salud o incluso la muerte. Por su parte, los niños corren un riesgo particularmente alto de ahogarse, ya que su capacidad para evaluar el peligro está poco desarrollada y carecen de habilidades de natación y seguridad en el agua. La amenaza de ahogamiento aumenta cuando los niños entran en contacto con el agua sin la supervisión de un adulto”, aseguró la Dra. Valeria El Haj, Directora Médica Nacional de OSPEDYC.
El ahogamiento representa en la Argentina una de las primeras causas de muerte en niños de 1 a 3 años y se considera el grupo de mayor riesgo y más vulnerable a los niños desde que empiezan a caminar o movilizarse por sí mismos (aprox. 12 meses de vida) hasta los 5 años[1]. No obstante, los especialistas coinciden en que existe un importante subregistro o registro inexacto de casos, y que la cantidad de muertes por ahogos podría ser aún mayor.
La Dra. El Haj sostuvo que “la supervisión de los niños pequeños en el agua debe ser cercana, constante, competente y atenta por un adulto responsable. Es una estrategia preventiva fundamental que también incluye la necesidad de identificar zonas peligrosas para los niños. En el caso de los adolescentes, la mayoría de los ahogamientos se producen por la combinación de un exceso de confianza en las habilidades para nadar, la subestimación de situaciones peligrosas en el agua y el consumo de alcohol y/o drogas”.
Es importante, en cada familia, poner como prioridad el aprendizaje de la natación por parte de sus integrantes, de modo preventivo. Se debe tener en cuenta que el momento de inicio del aprendizaje de la natación es individual y depende de una variedad de factores, como la frecuencia de exposición al agua, las condiciones de salud, las limitaciones físicas, la madurez emocional y el acceso a técnicas de enseñanza adecuadas en ambientes controlados.
Prevención de ahogamiento en aguas claras sin movimiento
Piletas,
bañeras familiares para niños y adultos, tanques australianos, diversos
recipientes
donde pueda introducirse un niño.
- Incentivar la enseñanza de la natación a partir de los 4 años.
- Cerco
perimetral completo de 1,30 m de alto como mínimo, enterizo o con
barrotes verticales separados por una distancia máxima de 10 cm (jamás
barrotes transversales que faciliten el “efecto escalera”). - El
cerco debe tener una puerta única con un mecanismo de apertura-cierre no
accionable por niños pequeños. - No
dejar mesas, sillas o reposeras próximas al cerco, que faciliten su
escalamiento. - Los
“cobertores de pileta” de material rígido o flexible, manuales o
automáticos, no excluye en absoluto la presencia del cerco. - Los bordes y el piso de la pileta deben ser de material antideslizante.
- Las
escalinatas de acceso deben ser de poca pendiente y tener escalones
anchos, rectos, con baranda al menos de un lado y piso antideslizante. - Las
piletas “inflables” o “desarmables” que no cuenten con cerco deben ser
siempre vaciadas totalmente luego de su uso diario.
- Proporción segura entre número de cuidadores y niños:
Lactantes (menos de 1 año): 1 cuidador por cada niño (1:1). Los bebés son completamente dependientes y requieren supervisión constante.
De 1 a 2 años: 1 cuidador por cada 2 niños (1:2). Aunque comienzan a explorar, siguen siendo muy vulnerables y necesitan atención cercana.
De 2 a 3 años: 1 cuidador por cada 3 niños (1:3). Aumenta su movilidad y curiosidad, pero aún no comprenden los riesgos del agua.
De 4 años en adelante: la proporción dependerá del nivel de aprendizaje de la natación y la confianza del niño en el agua. Para principiantes o niños inseguros, es mejor mantener una supervisión estrecha, idealmente no más de 1 cuidador por cada 4 niños (1:4). Para niños con habilidades avanzadas, la supervisión puede ser más relajada, pero siempre presente.
El modelo de chalecos universalmente más
aceptado posee las siguientes
características:
- Material enterizo de alta flotabilidad.
- Formato de chaleco, con abertura anterior.
- Abertura anterior con 3 broches de seguridad, como mínimo.
- Correa inextensible que une la parte anterior con la posterior del
chaleco, pasando por la ingle del niño y asegurada con broche de
seguridad.
Prevención de accidentes en aguas oscuras con movimientos:
Comprenden arroyos, ríos, lagos y mar.
- Riesgos:
- No se tiene visión directa del cuerpo.
- La visión de la cabeza, está sujeta al oleaje, marejada o eventual lluvia.
- Percibir o advertir signos de agotamiento o dificultades físicas es prácticamente imposible.
- Recibir pedidos verbales de auxilio, depende del viento, oleaje, ruido de la embarcación, etc.
- Recordar que con la primera bocanada de agua que traga el niño ya queda generalmente imposibilitado de gritar por auxilio.
- Desaparecido de la superficie: un niño pequeño difícilmente pueda reemerger con un esfuerzo y de esta manera se pierde contacto visual con él.
- Recomendaciones:
- Usar gorras y ropa de baño de colores claros, vivos, mejor si son fluorescentes.
- Ante la caída accidental o naufragio en aguas oscuras deben sacarse inmediatamente: zapatos, pantalones y pulóveres o camperas.
- Limitarse a “flotar” y concentrarse en pensar cuál puede ser la mejor manera de pedir socorro: verbal, gestual.
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